
INTRODUCCIÓN
El ser humano tiene la dignidad de persona, no es solamente algo, sino alguien. Y por ello el hombre es un fin en sí mismo, es persona. La persona prescinde de cualquier realidad exterior directamente para tener valor en sí. La definición de persona como valor absoluto, que
abordaremos, es en parte una defensa de la persona, puesto que las tendencias antropológicas actuales son reducir al hombre, alienar su ser, negar su singularidad, su valor personal-individual y trascendente.
Para comenzar con este ensayo sobre la persona como valor absoluto, nos preguntamos: ¿Qué significa ser persona? Definamos un poco el concepto de persona. Tendremos que distinguir entre hombre y persona. «Hombre» es un término más genérico o indeterminado, que linda con el «mundo zoológico» (decimos hombre de las cavernas pero sería ridículo decir persona de las cavernas); «persona» es un término más específico que tiene que ver con el «mundo civilizado» o, si se prefiere, con la constelación de los valores morales, éticos o jurídicos propios de este mundo (Sierra, 2008).
Sobre la dignidad de ser persona afirmamos que el hombre tiene dignidad porque es persona. Los griegos antes de Cristo lo usaban para designar las caretas usadas en el teatro. También significa en latín, personare, sonar con intensidad, tiene menos sentido que en griego, pero indica algo interior que se hace notar hacia fuera con fuerza. El hombre piensa, ama, quiere. Tanto el alma como el cuerpo son semejantes a todos los hombres, pero cada hombre y cada mujer son únicos y dignos de respeto por algo más que por tener cuerpo, por pensar mejor o peor, o por cualquier otra cualidad. Son sujetos con dignidad porque son alguien, porque son " persona".
Lo que hace ser persona a alguien es lo más íntimo, lleno de luz y fuerza que hay en cada ser humano. La fuerza personal íntima da a esa alma, ser humana y a ese cuerpo, ser el cuerpo de una persona. Esa intimidad no es algo difuso, sino que es un ser real, un ser que depende y participa del Ser del mismo Dios. Alma y cuerpo manifiestan la naturaleza humana, pero el ser íntimo es lo que hace que este hombre sea persona, sujeto de dignidad, y que su alma, su cuerpo y sus relaciones con el resto de los ser
es sean personales.
Ser persona es ser uno, único, distinto a otros, individual y singular, es ser libre, autodeterminado, ser cultural y teomorfo. “La experiencia de la vida demuestra que los hombres originales no solo no son escasos, sino tan comunes que podría decirse que la cosa más rara que puede encontrarse es un hombre que verdaderamente no sea original.” (Melendo, 1999). Así lo expresan la afirmaciones: “Cada uno es cada uno”, “todo ser humano resulta único e irrepetible”, “cada perdona es un mundo”*1. Se persona es ser un individuo con dignidad. Y la palabra persona precisamente hace referencia a un individuo en su individualidad y con ello a su originalidad y dignidad. Aclarando un poco este apartado, decimos que la persona valer por ser, como lo ha dicho Boecio, sustancia individual de naturaleza racional. Pero también, ser persona es ser libre, la persona es causa de sí misma, y vivir bien su libertad es la grandeza de la persona. Y agregando, la formulación de San Agustín: “cada hombre singular y concreto es… una persona”.
La persona es absoluto
¿Qué es absoluto? Cuando usamos el término absoluto no debe pensarse que se hace referencia únicamente a independencia y contraposición al Absoluto. Al decir absoluto no se pretende separar a la persona de las relaciones que la hacen ser lo que realmente es: persona. Absoluto se refiere más al individuo como ser completo, único, entero en sí mismo y no a uno excluyente de lo “otro” o los otros. Este término (absoluto) indica no tanto una característica de la persona, sino un modo de predicar a la persona como valor en sí y no en referencia con lo que ella misma no es, o con lo que está fuera de ella. El hombre-persona es absoluto en cuanto se encuentra de-ligado, ab-suelto, de las condiciones empobrecedoras de la materia, en cuanto la materia no configura su medida.
La persona como valor absoluto
La estructura del hombre, inteligente y libre, ofrece afirmar el carácter absoluto de la persona; pues la misma inteligencia y voluntad está abierta al Absoluto. La persona abierta al Absoluto es fin en sí misma y tiene valor y dignidad.
La dignidad de la persona se muestra directamente, para una mirada atenta, en la experiencia ética. La persona es en sí misma completa, un pequeño absoluto, pues es fin en sí misma. A diferencia de los animales la persona es un ser de valor por lo que es y no por lo que puede o no puede hacer. Pues es capaz de autodeterminación.
Al definir la persona como absoluto, afirmamos que ella “es insustituible e irreductible.” (Pérez, 2005). La persona no debe ser considerada como parte de un todo, o en forma general como sucede con el término hombre. No se piense que la enunciación de “persona como valor absoluto” es un mero juego de palabras. Hay una base práctica para mostrar que la persona es valor absoluto, “es la experiencia histórica de la reducción de la persona a un ámbito que no es el suyo”*2, al de la animalidad, o pura materialidad. Es la experiencia humana de la alienación de la persona. Esta alienación destituye a la persona como valor para
llenarla de valor por la referencia a elementos exteriores y ajenos a ella. Esta experiencia de alienación es la aportada por el materialismo.
Para rescatar a la persona de la despersonalización debemos recuperar el sentido que esta posee de valor absoluto, devolverle a la persona su derecho al desarrollo personal. Debe denunciarse cualquier clase de despersonalización: como la cosificación (persona como realidad sólo material) y la idealización (persona como sólo idea). Estas dos clases de despersonalización constituyen peligros que históricamente han atentado contra el valor integral de lo humano, estos son el materialismo y el idealismo.
Recordamos que la persona vale por lo que es y no por lo que tiene, la esencia de persona no está en lo que como hombre poseo (tengo dos manos, cabello corto, ojos cafés), sino en lo que soy: persona, ser singular, ser libre (dotado de voluntad y razón). Más que “tener” la persona es “ser”. Ejemplificando un poco más, podemos decir que al hablar de una persona no nos referimos a ella como “ser que tiene un cuerpo”, sino como “ser que es un cuerpo”, esto porque el cuerpo personal no es un añadido a la persona, es la persona misma, el cuerpo no es un instrumento carente de valor o un impedimento de la persona, y mucho menos una cárcel; es por el cuerpo humano que soy, que soy persona. Lo mismo puede decirse del alma. No decimos de una persona que tiene un alma, sino que debemos decir que, de la misma manera que somos cuerpo (nuestro cuerpo) somos también nuestra alma. Por ambos, somos lo que somos, y por ambas valemos como personas. Si restamos el alma, se deja de ser persona; si, por otra parte, restamos el cuerpo, tampoco podemos ser llamados “persona”.
Es una falta contra la persona, una despersonalización, reducir a la persona a puro espíritu o a pura materia, o reducir a la persona a una de sus características como la inteligencia, (idealizando a la persona), o a definirla por la utilidad que puede dar (como proletariado), cosificándola.
En base a las afirmaciones anteriores, podemos concluir que la persona es un bien absoluto, un valor absoluto, en el sentido de que ella no es objeto, sino un sujeto, un individuo libre que existe en sí mimo. Pero este valor de la persona, es posible gracias a su relación con otras personas. Es decir que, la persona es persona como tal en función al uso su persona con otras personas.
En conclusión sobre este apartado puede decirse que la categoría de absoluto tal y como lo presenta el personalismo, centrada en evitar la reducción de la persona. Se traduce de modo exacto como la afirmación de la irreductibilidad de la persona a cualquier otra categoría de pensamiento. Esta irreductibilidad se funda en la dignidad de ser propia de la persona, y pretenden defenderla del reduccionismo materialista y racionalista. No puede considerarse a la persona como objeto, sino que debe considerarse como sujeto. No como algo que vale por sus relaciones con otros elementos materiales, si como un ser que vale por sí mismo, por su singularidad, y por su única y no repetida existencia.
Bibliografía
Melendo, T. (1999). Las dimensiones de la persona. Madrid, Esapaña: Palabra.
Pérez, J. J. (2005). La pregunta por la persona. La respuesta por la interpersonalidad. (2a ed.). Madrid, España: Facultad de Teología de San Dámaso.
Sierra, P. G. (2008). Diccionario filosófico. Recuperado el 8 de abril de 2011, de http://filosofia.org/filomat
Muchas gracias Martín por tu publicación...!!!
ResponderEliminarMe ayudó en el desarrollo de un trabajo...
ResponderEliminarLa dignidad mia
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